
Mientras que es verdad que en las obras de Francisco José de Goya y Lucientes (1746 – 1828) se puede encontrar, como otros genios, la expresión de todos aspectos de la naturaleza humana, lo que me interesa aquí son las dos etapas distintas en que se daba expresión a la alegría y tristeza de la vida, y como, influido por sus desgracias personales, la luz murió en sus cuadros.
Una característica de la mayoría de sus primeros trabajos fue el interés por los efectos del sol. Esta tendencia fue fortalecida cuando en torno a 1771 Goya viajó a Italia, donde podía estudiar a los grandes pintores del Renacimiento. Quizá dedicara más tiempo al veneciano, Tiepolo, porque en los colores y efectos de la luz empleado por Goya la influencia del Tiepolo es clara. Por ejemplo, en El Parasol, pintada por Goya en 1777, una mujer sonríe al espectador; todo es armonioso, con los azules y rosas del cielo reflejados en su ropa. Hace un día de sol precioso, y la belleza elegante y su acompañante rebosan de salud.

Este cuadro es importante para mi tema porque representa un mundo ideal, donde el hombre y la luz están integrados.El Parasol es típico por su estilo positivo, y forma parte de los setenta y tres cartones pintados por Goya entre 1775 y 1791 que serían convertidos en tapices para los palacios reales de El Escorial y El Prado. En estos cuadros Goya nos ha dado escenas entretenidas, cada una iluminada por una luz dorada como si fuera un verano constante.
En aquel entonces Goya tuvo éxito en su vida. Cuando volvía de Italia ya era un pintor bien conocido y tenía un amor, Josefa Bayeu. Su felicidad se expresa bien en La gallina ciega pintada en 1788. Goya representa un juego de amantes debajo de un cielo idílico, utilizando la luz para expresar la alegría del pueblo.

Sin embargo, qué irónico es que Goya pintaba un hombre con los ojos vendados, ya que él no podía saber que en menos de cuatro a os su vida cambiaría para siempre.
Mientras crecía su fama, Goya sufrió en su vida personal. En 1792, una grave enfermedad lo dejó sordo y no se recuperaría hasta abril de 1793. Durante su enfermedad Goya pintaba unas obras sobre hojalata, pero los temas eran muy diferentes que en los de los cartones.

Por ejemplo, en Naufragio, ejecutado en 1793, es de noche, y el cielo está negro y turbulento. La naturaleza es representada como una fuerza amenazante con humanidad a su merced.
En Corral de locos pintado ese mismo año, el hombre es reducido a un bobo. Qué la luz ha cambiado en esta obra. Restringido y dramático, es nada más que algo que existe al otro lado de la pared. Me parece que esta obra es especialmente trágica porque, a diferencia de obras como El Parasol, humanidad y luz no están integradas sino separadas.

Otras obras siniestras seguían. En los últimos años del siglo XVIII Goya produjo Los Caprichos, ochenta grabados sardónicos y extraños, e introdujo el tema de brujería entre sus pinturas. No es difícil interpretar estas imágenes oscuras como conductos por el dolor de su propia vida.
Creo que, a principios del siglo XVIII, ocurrieron cuatro incidentes decisivos en su vida personal que afectaría su rendimiento futuro. En 1802 su musa La Duquesa de Alba murió, seguido un año después por su buen amigo Martín Zapater. Más tarde, en 1808, Goya fue testigo de los enfrentamientos brutales entre las tropas de Napoleón y los españoles, y por si eso fuera poco, en 1812 murió Josefa.
Seis años después del ewvento militar Goya pintó su cuadro famoso Los fusilamientos del 3 de Mayo.

Es verdad que él fue obligado a utilizar luz para iluminar muerte, pero aquí tenemos Goya como pintor del pueblo agraviado, y esta obra todavía hace un llamamiento a la razón que la guerra siempre es equivocada. En esta etapa Goya hacia muchas otras obras que trataban de los horrores de la guerra, y los problemas de la sociedad. En todos, la luz se quedaba un agente para iluminar injusticias y pérdidas.
El camino hasta el último aislamiento de las Pinturas negras se cumpliría sólo después sufrió una segunda enfermedad en 1819.
Las Pinturas negras son una serie de oleos lúgubres que Goya pintaba directamente sobre las paredes de la Quinta del Sordo, su casa en las afueras de Madrid. En Dos viejos, pintado entre 1820 a 1823 un ser monstruoso grita en la oreja de un viejo. La noche parece interminable, no hay colores ricos, y la pintura es áspera.

¿Quién es este viejo? Acaso Goya haya pintado un autorretrato imaginario; después de todo tenia 74 años. ¿Fue esto como viera su futuro? No podemos saber, pero es claro que toda esperanza se ha perdido, y con ella, esa luz gloriosa de su juventud.
Es cierto que sus enfermedades y la guerra con Napoleón impactaron su rendimiento, pero pienso que su sordera lo afectó más, después de lo cual es claro que se quedó más introvertido. Si se compara El Parasol con Dos viejos las consecuencias son espantosas. Es como si Goya considerara sol y sombra como equivalentes metafísicos del bien y del mal.
Quisiera terminar con estas palabras acertadas de Charles Baudelaire:
<< Goya siempre es un gran pintor, a menudo espantoso….sol y sombra rielan sobre pavores. >>